n.º 79 marzo 2022

ENTREVISTA

César Luena, vicepresidente de la Comisión de Medio Ambiente en el Parlamento Europeo

Europa aspira a ser el primer continente climáticamente neutro ¿qué pasos se están dando en el camino de la transición ecológica?

La transición ecológica hacia una Europa verde es una de las mayores prioridades de la Unión Europea, así lo estableció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su Discurso de la Unión de 2021. Nuestra herramienta para conseguirlo es el Pacto Verde Europeo, que pauta el camino, la hoja de ruta, para que Europa se convierta en el primer continente climáticamente neutro para 2050. El pacto incluye una serie de ambiciosos planes y estrategias basados en la sostenibilidad (lo que implica necesariamente la adaptación de todos los sectores de la economía) y el aumento de la financiación para la transición. Desde la aprobación del Pacto Verde, la Unión Europea está inmersa en el proceso de desarrollo y aplicación de todas las estrategias establecidas con el fin de acelerar sus acciones para paliar el cambio climático. Algo que reclama tanto la comunidad científica como la sociedad.

Por dar una pincelada de las numerosas acciones emprendidas, encontramos, en primer lugar, la Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2030, de la que fui ponente en el Parlamento Europeo, que tiene como objetivo principal la restauración y protección de la biodiversidad, estableciendo la necesidad de proteger al menos el 30 % de las zonas marinas y terrestres de la Unión. En segundo lugar, encontramos la Estrategia “Farm to Fork” (“de la granja a la mesa”), cuyo objetivo es conseguir una transformación del sistema alimentario de la UE para hacerlo más sostenible, desde la producción hasta el consumo, garantizando al mismo tiempo la seguridad alimentaria europea.

El Plan de Acción en Economía Circular, por otro lado, es crucial para evitar el desperdicio de nuestros recursos naturales, reducir la dependencia de los materiales primarios y proteger los intereses de los consumidores europeos. Asimismo, la Estrategia Industrial Europea, tiene como objetivo avanzar hacia el liderazgo digital y hacia una industria más sostenible, ecológica y competitiva. Además, el pacto incluye la renovación en el sector de la energía, el sector de la movilidad y el sector de la construcción. Precisamente la inversión en el desarrollo de energías y tecnologías limpias y sostenibles es un punto crucial dentro del pacto, con particular importancia dentro del contexto que vivimos ahora. Por último, la estrategia de la UE para la sostenibilidad de los productos químicos persigue que los productos químicos se revisen en cuanto a su toxicidad, a fin de proteger la salud humana y alcanzar el objetivo de «contaminación cero», destinado a reducir la contaminación del suelo, el agua y el aire.
Estos son solo algunos de los puntos principales del Pacto Verde Europeo, que es muy amplio y transversal porque, como digo, implica necesariamente la transformación de todos los sectores de la economía. Podemos confiar en que cumpliremos estos ambiciosos compromisos gracias a la aprobación de la Ley europea del Clima. Este Reglamento convierte en vinculantes (es decir, de obligatorio cumplimiento para todos los Estados miembros) los objetivos de reducción de emisiones hasta alcanzar la neutralidad climática en 2050. El paquete “Fit for 55” (“listos para el 55”) abre la veda precisamente estableciendo para 2030 la reducción del 55% de las emisiones de efecto invernadero en comparación con los niveles de 1990. Por lo tanto, podemos concluir que la Unión Europea ya ha iniciado esta transición ecológica y que tiene un curso de acción claro con el que avanza decidida a lograr sus objetivos climáticos. Nuestra acción urgente y colectiva es lo que necesitamos para evitar las amenazas del futuro que no serán solo climáticas, también de dimensión de seguridad, energética o migratoria. El logro de estos objetivos beneficiará a todos los sectores de la sociedad, y garantizará una Europa fuerte y resiliente preparada para afrontar los desafíos por venir. La lucha contra el cambio climático plantea un reto importante y es que la acción debe provenir de todas las partes del mundo, especialmente de los países más contaminantes. Tenemos que evitar la falta de cooperación o solidaridad y motivar una acción firme para lograr objetivos colectivos que beneficien a todo el planeta.

La pandemia COVID-19 ha puesto de manifiesto la estrecha vinculación entre salud y medio ambiente ¿De qué manera se está afrontando en Europa las consecuencias sobre la salud humana derivadas del deterioro medioambiental?

La salud humana, animal y medioambiental están plenamente interconectadas. Así lo pusimos de relieve en mi informe de biodiversidad, en el que recordamos cómo la degradación del medioambiente y la relación cada vez más estrecha que tenemos con el mundo salvaje pueden dar lugar a más enfermedades zoonóticas. El Covid-19 ha puesto en alza una preocupación que no es nueva, ya que antes habíamos presenciado otras enfermedades zoonóticas, tales como el SARS, la gripe aviar o el ébola. Debido a ello, no solo es necesario que la perspectiva de “una sola salud” se adopte en todas nuestras políticas, sino también a nivel internacional, ya que hemos visto lo fácil que es que se propague una zoonosis una vez el equilibrio entre los humanos y la naturaleza se rompe.

Debido a esta evidencia, cuidar nuestros ecosistemas, nuestra biodiversidad, es más importante que nunca de cara a evitar otra crisis de esta magnitud en el futuro. En todo el mundo, alrededor de un millón de especies de plantas y animales están en riesgo de extinción. Estamos alterando, contaminando, sobreexplotando y degradando directamente la biodiversidad, también la europea. Esto debilita, cambia o destruye directamente los ciclos naturales de la naturaleza, sentando las bases para un cambio climático severo y la propagación de enfermedades zoonóticas. La vulnerabilidad y la destrucción de nuestros ecosistemas junto con la acción humana conllevan un rápido aumento de la temperatura, lo que, al mismo tiempo, alimenta la pérdida de biodiversidad. Esta conexión interminable entre las dos crisis las retroalimenta, lo que significa que cuanto menor y más pobre es el número de hábitats y ecosistemas, mayores son los riesgos que el ser humano enfrenta para sufrir una grave crisis ecológica, sanitaria y económica. Todos dependemos de la salud de los recursos de nuestro planeta, y la mejor estrategia a largo plazo es protegerlos y garantizar la supervivencia de las generaciones futuras. Nuestras acciones deben ser más rápidas y más contundentes si queremos detener y revertir el ritmo de degradación y colapso sin precedentes de la naturaleza en todo el mundo.
En este sentido, el Plan de Restauración de la Naturaleza, que presentará próximamente la Comisión, resulta crucial para este fin, pues tiene como objetivo restaurar los ecosistemas dañados y garantizar su gestión sostenible. Es imperativo que incluya objetivos vinculantes de restauración para al menos el 30 % de la superficie terrestre y marina de la Unión de aquí a 2030, así como de control para asegurar que todos los ecosistemas estén en buen estado para 2050, de acuerdo con la ambición ya definida en la Estrategia de Biodiversidad para 2030. Es muy importante que esta propuesta priorice la restauración de ecosistemas degradados porque tienen el doble propósito de restaurar la biodiversidad y mitigar el cambio climático y adaptarse a él. Ejemplos de esto son los humedales, las turberas, los bosques primarios y antiguos o los ecosistemas marinos. Las soluciones basadas en la naturaleza y los enfoques basados en los ecosistemas son muy importantes para atajar esta doble crisis a la que nos enfrentamos. Unos ecosistemas y una biodiversidad resiliente, así como un uso sostenible de los mismos, son la fórmula de la que disponemos para evitar nuevas enfermedades zoonóticas en el futuro.

El “Enfoque estratégico de la Unión Europea en materia de productos farmacéuticos en el medio ambiente” refleja la importancia de los sistemas de recogida de los residuos de medicamentos como SIGRE ¿Cómo valora el funcionamiento de estos sistemas y su contribución al cuidado del medio ambiente?

El uso generalizado de productos farmacéuticos, tanto para uso humano como para uso veterinario, y su incorrecto desecho, ha aumentado la concentración de sus residuos en el medio ambiente, contribuyendo especialmente a la contaminación del suelo y agua. Construir un sistema de recogida de los residuos de productos farmacéuticos a nivel europeo, por tanto, debe ser una de nuestras prioridades, en línea con el Plan de “Contaminación Cero”, la Estrategia sobre Productos Químicos para la Sostenibilidad o la Estrategia farmacéutica de la UE. El informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), que recoge datos de 2020 en todos los Estados miembros sobre residuos de medicamentos veterinarios, revela que solo el 0,19% de las muestras recogidas superaban el nivel máximo legal. Además, esta cifra es la más baja en 11 años, lo cual demuestra que estamos en el buen camino, pero que aún queda mucho por hacer, pues seguimos por encima del límite que establece el Reglamento (CE) no 470/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo.

Tampoco debemos olvidar que, además de la contaminación de nuestros preciados ecosistemas y las especies que los habitan, el aumento de la resistencia bacteriana también supone un grave problema. La propia Comisión Europea, en su comunicación sobre productos farmacéuticos en el medio ambiente, reconoce que este problema es un problema doble, como decimos. Por un lado, la incorrecta eliminación de los productos farmacéuticos y sus residuos. Por el otro, el consumo inadecuado de antibióticos. Por todo ello, la estrategia de “Contaminación Cero” reconoce el impacto medioambiental de los residuos de productos farmacéuticos y establece una acción conjunta a nivel comunitario para minimizarlo. En cuanto al consumo inadecuado, basta recordar que se calcula que la resistencia antimicrobiana es responsable de más de 25.000 muertes anuales en la UE y supone la pérdida de 1.500 millones de euros al año, como revela el Eurobarómetro sobre resistencia antimicrobiana de 2018. Estamos hablando de un verdadero problema y amenaza para la salud pública europea, que puede agravarse considerablemente con el tiempo si no lo atajamos cuanto antes. Hacen falta medicamentos de última generación, más respetuosos con nuestra salud que aborden el problema de la resistencia antimicrobiana, y menos tóxicos para el medio ambiente. Especialmente en un campo tan delicado como la salud, es importante que todas nuestras medidas se basen en la más reciente investigación científica. Debe otorgarse la suficiente financiación con ese motivo.

Volviendo a la estrategia, me gustaría hacer hincapié aquí en algunas de las principales novedades. En primer lugar, establece que para todos los medicamentos que salgan al mercado, se debe realizar una evaluación exhaustiva sobre su riesgo medioambiental, basada en los más recientes descubrimientos científicos. El objetivo es atender al impacto medioambiental en todo su ciclo de vida, desde el inicio, en su diseño y producción, hasta el final, con el consumo, los desechos y residuos que produce, generando así un proceso respetuoso con el medio ambiente. Por este motivo resulta útil la aplicación del principio de “quien contamina paga”, garantizando que el respeto por el medio ambiente se cumple de manera efectiva durante todo el ciclo de vida de los productos farmacéuticos. En segundo lugar, supone un esfuerzo conjunto para promover un uso responsable de los antibióticos, por parte de los profesionales médicos que los prescriben, y por parte de los pacientes. Para ello, cabe destacar la propuesta de incluir en los propios fármacos una guía sobre su correcto proceso de desecho, facilitando así a los usuarios su contribución en la protección del medio ambiente.

Me gustaría finalizar subrayando que, en 2020, un informe que supervisaba el cumplimiento de las propuestas de la estrategia de la Unión Europea en materia de productos farmacéuticos en el medio ambiente, afirmaba que “se ha avanzado mucho en la aplicación de las diferentes acciones”. Esto significa que, hasta ahora, hemos cumplido gran parte de las iniciativas establecidas en esta estrategia. En otras palabras, la estrategia avanza con vigor. No obstante, la posición del Parlamento Europeo en materia medioambiental siempre ha sido ambiciosa. Por eso, en nuestra resolución de 2020 sobre esta estrategia recogimos todos las propuestas de la Comisión, pero además pedimos mayor ambición y esfuerzo. Es necesario formular medidas legislativas que nos doten de un marco legal común europeo que pueda realmente garantizar una fuerte protección al medio ambiente durante todo el proceso de vida de los productos farmacéuticos.

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