Tribuna del presidente de SIGRE
El papel de SIGRE en el buen uso del medicamento
Cuando hablamos de hacer un buen uso de los medicamentos solemos pensar en utilizarlos únicamente cuando son necesarios, seguir las indicaciones de los profesionales sanitarios, respetar las dosis y pautas prescritas o conservarlos adecuadamente. Todos estos comportamientos son esenciales para garantizar su seguridad y eficacia.
Pero el buen uso del medicamento abarca también lo que ocurre una vez finalizado el tratamiento. ¿Qué hacemos entonces con los medicamentos que han sobrado, con aquellos que han caducado o que ya no necesitamos? ¿Y con sus envases una vez vacíos?
Dar una respuesta adecuada a estas preguntas forma parte, sin duda, del buen uso del medicamento. Revisar periódicamente el botiquín doméstico y depositar en el Punto SIGRE de la farmacia los medicamentos caducados o que ya no necesitamos, junto con sus envases vacíos, cajas y prospectos, es una sencilla práctica que aporta beneficios tanto sanitarios como medioambientales.
Desde el punto de vista de la salud, retirar del hogar medicamentos que ya no deben utilizarse ayuda a prevenir errores, accidentes o la tentación de recurrir a restos de tratamientos anteriores sin el adecuado asesoramiento sanitario. Desde la perspectiva ambiental, su correcta gestión evita que los restos de medicamentos puedan llegar a nuestros suelos y aguas y permite recuperar los materiales de sus envases para reincorporarlos al ciclo productivo.
Esta doble dimensión, sanitaria y medioambiental, explica por qué el buen uso del medicamento constituye también una manifestación muy concreta del enfoque One Health, que nos recuerda que la salud de las personas y la del planeta están estrechamente relacionadas.
Y detrás de este modelo existe un compromiso que conviene poner especialmente en valor: el de la industria farmacéutica. Hace 25 años, las compañías farmacéuticas impulsaron la creación de SIGRE conscientes de que su responsabilidad no debía finalizar cuando el medicamento llegaba al paciente. Desde entonces, la industria financia y sostiene un sistema que permite gestionar adecuadamente los residuos de medicamentos y sus envases generados en los hogares, trabajando de la mano con la distribución farmacéutica y las farmacias.
Pero este compromiso comienza mucho antes de que exista un residuo. Las compañías farmacéuticas llevan décadas trabajando junto a SIGRE para incorporar criterios de prevención y ecodiseño a los envases de medicamentos. Reducir el uso de materias primas, disminuir su peso, optimizar formatos o mejorar su reciclabilidad son algunos ejemplos de un esfuerzo continuado que debe realizarse, además, respetando siempre las exigentes condiciones que garantizan la seguridad, calidad, conservación e información del medicamento.
El buen uso de un medicamento comienza, por tanto, incluso antes de que llegue a nuestras manos.
A este esfuerzo se suma también el apoyo y la colaboración de las administraciones sanitarias y medioambientales. Y, por supuesto, nada de ello tendría sentido sin la implicación de la ciudadanía, cuyo gesto responsable permite cerrar correctamente el ciclo de vida del medicamento. Los resultados muestran que esta cultura de responsabilidad compartida está cada vez más asentada. Tres de cada cuatro hogares españoles utilizan ya el Punto SIGRE y en 2025 se recogieron cerca de 5.400 toneladas de envases vacíos o con restos de medicamentos. Son cifras que reflejan una mayor concienciación, pero que también nos animan a seguir avanzando.
Porque detrás de cada caja, cada blíster o cada medicamento sobrante que llega al Punto SIGRE existe algo más que un gesto de reciclaje. Existe una forma de entender el medicamento desde una perspectiva integral, atendiendo a su contribución a nuestra salud y también al impacto que puede generar a lo largo de todo su ciclo de vida.
Después de 25 años, esta sigue siendo una de las principales fortalezas de SIGRE: haber convertido el compromiso ambiental de la industria farmacéutica y la colaboración de la distribución y las farmacias en una herramienta al servicio del buen uso del medicamento, de la economía circular y de la salud global.
Cuidar del medicamento hasta el final es también cuidar de nuestra salud y de la del planeta.
