n.º 55 Abril 2016

EDITORIAL

El sector farmacéutico a la vanguardia en los valores de la economía circular

En la última parte del pasado año, asistimos a toda una serie de acontecimientos que; desde el punto de vista económico, social y, sobre todo, medioambiental, marcarán las actuaciones que empresas y sectores desarrollen en las próximas décadas.

En la Cumbre de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, se aprobó la Agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible; en la Conferencia de París sobre Cambio Climático COP21, se fijó el límite de aumento de temperatura; y la Comisión Europea aprobó un ambicioso paquete de medidas para impulsar en Europa la transición hacia una economía circular, fomentando un nuevo modelo de sociedad basado en la “reducción, reutilización, reparación y reciclado”.

El sector farmacéutico lleva años trabajando, conjunta y corresponsablemente, en el impulso de estos valores, lo que le ha llevado a poner en marcha iniciativas como SIGRE, el mayor proyecto colaborativo emprendido por laboratorios, farmacias y empresas de distribución del sector.

Con SIGRE, el sector farmacéutico ha implantado un modelo innovador y pionero que ha conseguido consolidar la gestión ambiental de residuos de envases vacíos o con restos de medicamentos de origen domiciliario y que impulsa el compromiso sostenible del sector mediante otras iniciativas como la prevención en origen, la aplicación de medidas de ecodiseño y la eco-innovación.

Todo ello, permite cerrar ordenadamente el ciclo de vida del medicamento, consolidando un modelo eficiente, en el que la sostenibilidad y el beneficio del conjunto de la sociedad son los vectores que marcan los ámbitos de actuación del sector.

Esta corresponsabilidad, en un producto esencial como el medicamento, es un rasgo característico de laboratorios, farmacias y empresas de distribución, y sitúa al sector a la vanguardia en la implantación de los valores de la economía circular.